jueves, 24 de abril de 2008

La ternura del okelele


Israel Kamakawiwo‘ole (se pronuncia: ka ma ka vi vo olai) fue un popular cantante hawaiano hasta que murió a los 38 años, en 1997, víctima de problemas respiratorios y cardíacos producto de su extrema obesidad.

Conocido como Iz, se dio a conocer fuera de Hawai cuando su disco Facing Future salió a la venta en 1993 incluyendo su potpourri que fusiona los antiguos clásicos "Somewhere Over the Rainbow / What a Wonderful World".

La combinación de estas maravillosas canciones ha sido parte del arreglo musical de varias películas, entre las que se cuentan: Descubriendo a Forrester, ¿Conoces a Joe Black?, 50 primeras citas, así como capítulos de la serie de televisión ER.

Realmente, este hawaiano me ha provocado una particular e intensa dulzura que espero ustedes también reciban al conocerlo. Yo he pasado toda la semana escuchando atentamente cada canción de este disco y les aseguro que ya está en un rincón de mis elegidos. Sencillamente maravilloso.


lunes, 21 de abril de 2008

Dolor


Lejano como el cielo
inmenso como mi soledad.
Oscuro y silencioso.
Opaco y maldito.
Desesperante como la ira
cautivante como el amor.
Agudo e incierto.
Imponente y profundo.
Espacio de solitarios
que me adormece.
Campo sin pájaros.
Tierra infértil.
Lejano como el cielo.
Inalcanzable.
Inmenso como mi soledad.
Calcinante.
Oscuro y silencioso
como mi miedo.
Indiferente.
Dolor que te me has impuesto.
Quisiera escapar de ti
pero no puedo.


jueves, 17 de abril de 2008

viernes, 28 de marzo de 2008

Rodolfito


Tu rostro de hombre me miente
escondiendo tus ojos negros
en una carita de luna
que nunca perdiste.
Qué varita te acarició,
pequeño grande
para que no notes
la diferencia.
El tiempo cambió tus manos
pero no transformó tus caricias.
Qué estrella te guió,
pequeño grande.
para que tu alegría muda
me haga llorar.
Vives iluminando todo a tu paso
aún cuando no brillas,
y si te invade la tristeza
y brota de repente en una lágrima
a veces adivino el motivo.
Qué paredón se te impuso
pequeño grande,
que te envejece todo,
menos el alma
y el sentimiento.
Qué Dios te protege
que ningún mal te toca,
ningún mal de nosotros.
Que Dios te hizo muñeco,
para ser tan igual
y tan distinto a todos.

martes, 25 de marzo de 2008

Por qué


Me preguntas por qué.
Por qué te invento cada noche,

enredada en el silencio,
aún sabiendo que nunca
vas a acariciar
el hueco profundo de mi espalda.
Me preguntas por qué.
Por qué tiembla mi voz

cuando te imagino
en una caricia de palabras
que se traducen
delante de mis ojos.
Por qué.
Por qué te espero

después de tantas y
tantas lunas llenas
recortadas en la ventana,
brillando desde distintos cielos.
Y me preguntas por qué.
Por qué mis ojos se llenan de lluvia

aunque el mundo se convierta en brasa.
Por qué los espejos me devuelven

una fama perdida y un cronopio asustado.
Y me preguntas por qué.
Porque a pesar del tiempo.

Y de las memorias perdidas.
Y de los recuerdos encajonados.
Porque a pesar de mi.

Y a pesar de tu olvido.
Hoy cruzaría mil océanos de tiempo,
sólo para encontrarte.

viernes, 14 de marzo de 2008

Quiza mañana

Quiza sea mañana
cuando te atrevas
cuando te rebeles
cuando te decidas.
Quiza sea mañana
cuando abras tus alas
cuando mojes tus plumas
cuando dibujes un sobrevuelo.
Quiza sea mañana
que lances la carcajada
retenida
escondida
ahogada.
Quiza sea mañana.
Hoy no valió el riesgo
de ser feliz.

Usa protector solar

La luna y el mar


El cielo estaba inmóvil. El horizonte, apenas una línea que separaba el cielo de la soledad. La playa lloraba. Las infinitas cuentas de arena rodaban hacia ningún lado.
No había reflejo de luna porque el mar no existía. Un espacio profundo y oscuro se precipitaba hacia el final de la playa.
Dijo un poeta que la soledad es una amante inoportuna, una compañía solitaria, un camino circular que vuelve a empañar la mirada una y otra vez.
Un día, cuando la luna sentía que ya no podría brillar nunca más, una brisa de mar refrescó sus bordes. Nunca había sentido esa sensación. Apenas un instante que dejó la playa con espuma salada.
Sin embargo, la luna pensó que esa sensación había sido parte de un sueño y cerró los ojos, apagó la última luz que quedaba y secó sus lágrimas.
Cuando el sol empujaba, hacia el amanecer, la luna volvió a sentir esa brisa en la nariz. Y no era una ilusión. La brisa empezaba a despejar la niebla. El mar estaba, lejano, casi inalcanzable, pero estaba. El mar existía. Y el viento le traía en ráfagas, el aroma a sal.
El mar existía… no era una ilusión. El mar está, aunque todavía la luna no pueda apoyar sus bordes en el agua, el mar se acerca a la playa, que espera, como ha pasado toda la vida, espera la felicidad….

miércoles, 12 de marzo de 2008

Entre pieles



















El brillo de un instante
una estrella fugaz
una alegría contenida
una emoción perdida
un roce tibio.

La soledad distraída
una, dos, tres palabras unidas
una mirada con lluvia
un asalto a la boca.
Los sentidos en brindis
la piel estremecida
la desnudez sin prisa
tus bordes y mis límites.
Un contraste de tonos
cielo y mar
tierra y agua
cercanía y lejanía
otra estrella fugaz
un deseo en voz baja
y tu olor pegado a mi
esfumándose
en la mañana.

La soledad

La soledad es lo único particularmente mío que tengo, íntimamente mío, privado. Duerme acurrucada entre laberintos de espejos que me reflejan cada vez que me pierdo entre ellos.
Es un rito antiguo de juegos malabares que se escapan hacia arriba, caen de repente y siempre vuelven a inventar el esperado vuelo. Sostiene entre paredes invisibles pero firmes, los límites que delimitan nuestros sueños y de los que intentamos huir, a veces con éxito.
La soledad es el tiempo que se detiene, que no pasa, que soporta estocadas de libertad y permanece escondida, añorando el amor perdido, sufriendo el amor abandonado, sin miedo a una lágrima.
Da vueltas repetidamente sobre sí misma como una noria incansable y traza en el aire espirales de humo de cigarrillos viejos, un perfume gastado en alguna piel olvidada y roces abrasadores que quemaron pasiones de una sola estrella.
La soledad me recorre sin cansarse, como un amante que siente con los ojos abiertos y disfruta del brillo irrepetible de una mirada enamorada, cuando deja caer un gemido que se pierde en la oscuridad.
Esconde mis memorias desperdigadas entre recuerdos distraídos y las reúne para evitar el olvido. Me acompaña cuando la madrugada despide a la luna y hace menos fría la mañana.
La soledad no siente pánico, aguarda paciente a que el temblor se acabe y la humedad se seque de mis profundos lagos; rescata mis labios sellados y los protege, hasta que los empape el arrebato de un impulso salado.
Permanece a solas en mi compañía, hace largos silencios y de vez en cuando, se sienta en el borde, al lado mío, a preguntarme quien habita el otro lado de la cama. Las sábanas perfumadas saben reconocer mi huella, la forma de mi cuello y el hueco de mi espalda. Las almohadas han perdido la geografía de ese cuerpo que se dejaba caer sobre ellas, y que compartía ese lado, pero solo ese lado, sin sueños soñados.
La soledad me acuna cuando me vence el cansancio y me prepara para atravesar el puente de la próxima parada. Es mi señal de paz, mi luz guía, que espera sin esperar a que llegue el día.

viernes, 29 de febrero de 2008

Jean Reno & Sting: dos para la emoción

La primera vez que vi "Leon, el profesional", sentí que empezaba a entender mi propio corazón. Escondido bajo una armadura de hierro que a veces se oxida, pero que permanece en el lugar para defenderme de nuevos golpes.
El amor tiene tantas caras, tantas formas increíbles de salir a la superficie que en la mayoría de los casos, ni siquiera sabemos de que se trata hasta que nos ha invadido por completo.
Esta pelicula magistralmente protagonizada por Jean Reno, Dany Aiello, Gary Oldman y una jovencisima Natalie Portman, siempre me recuerda que la vida no termina cuando termina, y que como la planta de Leon, empieza justo en el momento del final.
Shape of my heart de Sting le otorga el marco perfecto a la emoción, cierra el círculo y nos proyecta a ese espacio de nosotros mismos donde nos permitimos ser vulnerables.

martes, 26 de febrero de 2008

Te pienso


Hoy te pienso
Como casi todas las noches
en que me haces falta.
Te pienso
entre las notas suaves
de esta canción,
mezcla de almendra
café y miel
Te pienso
y tu sonrisa dulce
y tu mirada incierta
me vuelven luna.
Invades sin permiso
todo mi universo
que estalla,
y te instalas.
Dominas con tus ojos
el faro de mis sueños
y te haces luz
en la oscuridad.
Hoy te pienso.
Esta noche.
Como casi todas las noches
en que me haces falta.
Y sin que lo sepas,
sin que puedas adivinarlo
sin que puedas sentirlo,
te pienso.
Y sin pedirte permiso
me hago dueña
de tu silencio
de tu humedad
de tu deseo.

Cuando parece que todo está hecho...


... entonces aparece otra vez Van Morrison. Porque cuando parecía que Morrison ya lo habia probado todo en el terreno de la música, este juglar aparece con un album de viejos temas y nos demuestra que la buena música puede volver una y otra vez remozada en versiones, y que es permanente. Porque son clásicos. Y eso es lo que sucede cuando se instala un clásico en la historia de la música. No desaparece jamás. Se enriquece con el tiempo, como los libros. El album se llama "Van Morrison at the movies", un disco que recorre la historia de Morrison como compositor de canciones que han sido llevadas al cine.
Para descubrir, disfrutar y guardar entre los favoritos de siempre.

lunes, 25 de febrero de 2008

Cada noche en el cielo


Me costó soltar tu mano. Sabía que era la última vez que podía aferrarme a vos. Ríos de sal cayeron al suelo después de darte la espalda. La calle se abrió delante de mí como si hacia atrás, todo se hubiera convertido en un gran hoyo, un cráter enorme que te hizo desaparecer de mi vida.
Como un símbolo de nuestra fuerza y también de nuestra fragilidad, dejaste alrededor de mi cuello el recuerdo de tus años cerca de mí. Cierro los ojos y aspiro profundamente para guardarme todo tu olor, que aún permanece en el aire.
Ya no voy a poder volver a esperarte. Ya no. No más excursiones al centro de tu piel, no más miradas a tus ojos almendrados, siempre fijos, brillantes, increíblemente intensos. No más preludios en el borde de tus labios que me enseñaron a besarte.
Fuiste la tentación que desató miles de susurros y sueños empapados de ganas. Acompañaste mis manos hasta cada rincón y manejaste mi cuerpo como un explorador. Aprendí de cero. Sin saber nada. Sin imaginar siquiera cómo encontrarte. Me dejé llevar por la penumbra y por tu voz suave que dirigía todas mis inseguridades.
No soporto la necesidad de volver sobre mis pasos. Aunque más no sea dar media vuelta para ver tu figura desdibujándose en el cruce de la ruta, que se me antoja aún más allá del horizonte.
No te vayas… Por qué no podés escucharme?... Llevame con vos. No me dejes sola. Hay tantas cosas que nunca te dije… Nunca te conté del temblor de mi corazón mientras aguardaba en el banco de la estación a que por fin salieras. Jamás supiste de mis llantos escondidos debajo de la almohada cada vez que no llegabas. Ni siquiera podés imaginar el dolor de cada palabra que salía de mi boca el día que tuve que explicarte por qué parte de tu sangre estaba derramada en la espuma del Atlántico. Hubiera querido abrazarte más fuerte. Decirte algo importante. Llorar con vos. Pero no pude. Me limité a permanecer parada a tu lado, en medio de la plaza, ahogando tu propio dolor enmarcado en un silencio más profundo que la eternidad.
Estás desapareciendo…

Escucha el viento cada mañana, porque entre silbidos te va a contar cómo van a ser mis días sin vos. Trepate a las ramas del árbol que crece frente a tu ventana y mirame desde allí. Aférrate a mi recuerdo cada vez que te haga falta, así… de la misma forma en que me enredo en tu corbata repleta de horas nuestras.
Ya no te veo. Y se que cada vez que te piense voy a arrepentirme de no correr detrás tuyo hoy. Pero tengo tanto miedo… Nunca voy a saber si algún día me amaste. Y nunca tuve el valor de preguntártelo. Como nunca tuve el valor de decírtelo.
No me dejes olvidarte. No me obligues a olvidarte. No quiero olvidarte. Quiero que seas parte de mis sueños cada noche de cada instante de mi vida. Quiero que seas parte de mi universo, del pedacito de felicidad que me toque.
Estás en mí como la piedrita del cuento de Cortázar, en el rinconcito mas tibio de mi misma, protegido por la luna que me recordará secretamente, cada madrugada, antes de abandonar el cielo, tu última mirada y tu último silencio.

Inalcanzable

Espero a que suene. Apenas uno. Sé que estás detrás de ese sonido. Imagino las manos, la yema de los dedos eligiendo cada letra. Los sentidos despiertan. La tristeza desaparece durante ese instante en que sucede. Estás ahí. Y esa milésima de segundo en que piensas en mí, me alcanza.
Un unicornio. Único.
Una vez leí que el universo conspira para que algunas cosas sucedan. Sé que conocerte fue una conspiración del universo. Que aparecieras de pronto, como una visión cósmica, casi de la nada, frenó una decisión sin retorno. Es que a veces, la soledad nos gana partidas importantes porque suele disfrazarse de angustia, de miedo, de fracaso, de frío…
Esos días exploraba a diario mis bordes y me acercaba a mis límites. Pero algo frenó el erróneo reconocimiento de mí misma. La ternura de un desconocido, la lejanía que me quitó del precipicio.
¿Volverá a sonar?
Confieso que todo se me aparece como un anagrama. Busco lo escondido, lo que no se ve. Trato de encontrar la respuesta, pero desde la ventana abierta solo veo luces intermitentes en la noche, un ruido sordo y quebrado que atraviesa el cielo y la lluvia, que gota a gota desnuda mi alma.
El corazón guarda los sentidos, los contiene como un guardián celoso. Y el cuerpo los reclama. Cada vez que te acercas desde tu lejanía los sentidos se escapan para apoderarse de todo. Casi puedo verte, cada vez que mis manos recorren el aire que puede tocarte. Es un laberinto de espejos que estallan. Un gran sonido. Un trueno. Un relámpago. La luz de una súper nova. La clara frescura de la luna.
Aquí me quedo. Elijo el lugar en que sé que existes. Simple. Debajo del cazador, observo como la pluma de faisán desintegra las pesadillas y la telaraña guarda los sueños para que se repitan, una y otra vez. Cien. Mil.
Es un anagrama. Y no se si quiero resolverlo. Lo prefiero así. Que guarde algo de mágico, algo de secreto, algo de inexplicable, algo de fantástico.
Dejo que suene. Una vez más. Sé que estás ahí. Ocupas un lugar en este espacio nuestro. Ni más acá, ni más allá. En este lugar. Un sitio común donde las voces se convierten en susurros.
Sé que ahora duermes. No quiero despertarte. Como un ángel transparente, de brisa y espuma de mar, dejo en tu almohada una caricia de mi alma.
Suelto el lápiz y sonrío. Calderón de la Barca dijo que “los sueños, sueños son”, y sé que es así. Sos el sueño más lindo que tengo. Y en ese lugar estarás siempre, cuidado, protegido, deseado. Sin lágrimas, sin miedos, sin preguntas. En un refugio de mi misma que nadie conoce y que nadie invade. En un espacio inalcanzable al que jamás te dejaré entrar cuando despunte el día. Al menos, hasta la próxima vida.

Media vuelta


Dar media vuelta no es lo mismo que dar la vuelta. Una vuelta es volver al mismo lugar. Una mediavuelta es mirar hacia el otro lado, hacia un nuevo lugar adonde se puede llegar.
Una media vuelta nos compromete con nosotros mismos a seguir intentando, y hay una en cada esquina.
Un poco de aquí, un poco de allá, resaltador en dos noticias que vale la pena comentar. La marca del pocillo de café en el papel y una llamada que lleva hasta la primera intervención. Media vuelta en medio de la tarde. Cambio de oxígeno. Olvido del stress antes de entrar al estudio. Mediavuelta a todo. Como en la vida, en cada piedrita de Cortazar, en cada espejo de Borges, en cada verso gitano de García Lorca, en cada trazo de Picasso y en cada riff de Jimmy Page. Siempre una media vuelta que permita seguir, intentar, volver y fracasar, volver y ganar. Dar media vuelta e insistir.
Oxígeno otra vez. Mientras tanto, Clapton cuenta su historia en Cocaine y el pie golpea contra el suelo instintivamente.
El día tiene su media vuelta, como el resto de las cosas. Como nosotros mismos. Como las ganas. Como el sueño. Como la pesadilla. Como el juego. Como el deseo.
Otra media vuelta. Otro café. Una risa abierta responde a un chiste. Un bailecito improvisado. La lapicera que juega entre los dedos. El papel manchado con el borde del pocillo, ahora cubierto de borrones. Y casi al descuido, en una casualidad montada en complicidad conspirativa con el universo, alguien espera, en una esquina cualquiera, que ese corazón le regale una mediavuelta.

Tras un manto de neblina


Malvinas es para la mayoría de los argentinos, una absurda y profunda herida, provocada por la ambición y el ansia de perpetuidad de algunos en el poder.
Malvinas es un territorio argentino, pirateado desde hace siglos y hoy todavía envuelto en una discusión diplomática que pareciera no tener fin.
Malvinas es para muchos habitantes de mi país un recuerdo que se prefiere olvidar, esconder y tapar.
La película argentina “Iluminados por el fuego”, fiel relato de lo sucedido en las islas, levantó el polvo acumulado en la memoria colectiva e individual y volvió a provocar en nosotros, lo que dejó hace más de dos décadas: una profunda vergüenza.
No verteré aquí críticas políticas o de relaciones internacionales equivocadas o anacrónicas. No opinaré hoy sobre los obsoletos y antidemocráticos poderes de voz y voto de la ONU. No hablaré tampoco del Primer Mundo, ni del Tercer Mundo, ni del Subdesarrollo.
Esta vez voy a mirar hacia adentro de mí misma, de mi ser nacional, para intentar explicar por qué sentí tanta vergüenza cuando las imágenes de esta película castigaban mi insolente pacto de olvido.
Febrero de 2006. Mis hijos tienen 19 y 17 años respectivamente. Son libres para vivir y para elegir. El servicio militar obligatorio ya no existe desde hace muchos años y los jóvenes ahora pueden empezar a planear su futuro sin temores. Al menos, esos temores…
Abril de 1982. Tengo 16 años. Miro incrédulamente la tapa de una revista donde un soldado sostiene en sus manos una bandera argentina. Me emociona, presiento que me mira y me pregunta por qué. Tiene 18 años recién cumplidos. La obligatoriedad del servicio militar lo llevó lejos de su casa, a miles de kilómetros de su familia, de sus amigos, de sus sueños.
Es casi un niño que busca desesperadamente un motivo para sonreír, aún consciente de que detrás de ese uniforme incompleto, que no alcanza para soportar el frío que cala los huesos, corre como empujada por la bruma, la muerte.
Él sabe que el odio paraliza y entonces no odia. Sabe que la guerra destruye y entonces ya no entiende si él se equivoca, o se equivocan con él.
Casi un niño que en una trinchera de barro y hielo, entrega cada noche su vida y se resiste cada madrugada, a la muerte.
Julio de 1982. Los que volvieron, llegaron en silencio, de noche, sin hacer ruido. No hubo bienvenida, ni recibimiento. Claro… no eran campeones del mundo. Eran apenas un puñado de adolescentes torturados, lastimados, vejados, destrozados. Escondimos los cadáveres de los que quedaron abonando la espuma del Atlántico.
La guerra de Malvinas es la mayor cobardía de los argentinos, por varios motivos. Por permitir durante muchos años, que las dictaduras, no sólo de Argentina, sino de América Latina en ese momento, jugaran con la vida de nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros padres, nuestros hijos. Por aceptar los delirios de grandeza de un borracho, las mentiras de los cómplices que mantenían sus ojos vendados para no perder un solo centímetro de territorio ganado. Por tener miedo de defender, de gritar, de reclamar, de pelear. Por cometer el pecado imperdonable de haber convertido a nuestros Combatientes de Malvinas en miserables mendigos a los que aún hoy se les cierra la puerta, para no verlos, cuando se presentan frente a nosotros tratando de vender, puerta a puerta, bolsas para residuos o repasadores para la cocina.
“Iluminados por el fuego”, no es sólo el testimonio de uno de esos ex combatientes sobre lo ocurrido en las islas, es el espejo de la desesperación, es acerca de lo que sucedió tras su regreso con vida al continente.
Por eso, por todos los amigos que no pudieron ser. Por todos los futuros truncados. Por los muertos bajo las balas inglesas. Por los asesinados en nombre de la patria. Por los que se suicidaron tras el rechazo de una sociedad inmadura que no supo contenerlos. Por no haber gritado más profundamente al mundo nuestros derechos soberanos y por no haber obligado a defender lo nuestro con responsabilidad, justicia y honor. Por la locura. Por la idiotez. Por la tristeza de esos soldados que tenían la edad que hoy tienen mis hijos.
Perdón. Perdón.

Razones no faltaron


Ensayo algunas de tus razones. Razones para escapar de los recuerdos. Enumero respuestas probables. La lista de las excusas ensayadas para olvidarte de recordarnos.
Porque los recuerdos se convierten en flechas ardientes al trazar un arco en tu cielo pretendidamente frío, y quedan así, zigzagueantes, mordisqueando el borde, clavados en tu armadura. Así inventaste la manera de evadir mis palabras.
Porque los recuerdos tienen marcados a fuego, como en llagas abiertas en nuestras noches, la inigualable geografía de tu cuerpo. Así luchaste para alejarte de mis manos.
Porque los recuerdos tienen talladas tus miradas más asombradas, de las que siempre seré la única propietaria, y el sabor de tus lágrimas secretas, escondidas debajo de la sombra del ceibo durante eternas madrugadas. Así corriste enloquecido sólo para escaparte de mis ojos.
Porque los recuerdos tienen la mitad del mapa de nuestro tesoro, el croquis detallado del camino que podríamos haber recorrido, una copia de las llaves de todos nuestros reinos, los límites infinitos de nuestro territorio, los bocetos en carbonilla de los deseos soñados apretando los dientes, y casi todos los planos de nuestro mejor proyecto.
Así, después de convertir en nubes borrascosas todos nuestros recuerdos, por miedo, huiste de nosotros.

Entre arenas perdidas

La luna, que todo lo mira, entró una noche por la ventana, cruzó el vidrio y se enamoró de él. Lo descubrió mientras dormía. Esa noche dejó su amor colgado en la ventana entreabierta, en tanto el ruido del tráfico de la madrugada lo inundaba todo.
Él apenas sintió un tímido escalofrío. Un suspiro que nunca le salió del todo, que le hizo girar el cuerpo y tras lo cual continuó distraídamente su sueño. La luna nunca había sentido tan frescos sus bordes. Era como una bruja que lo mecía y lo dormía, cantando en su oído antiguos conjuros de amor. Lo acarició con un murmullo platinado, y le hizo un arroyo de luna nueva.
En la sombra de la noche cómplice, bebió embriagada zurcidos de luz de cielo, adormecida, encantada, conmovida. Y cerró los ojos, en un espacio breve, con aroma a jazmines de verano.

Al despuntar el sol, ya no hubo necesidad de palabras. La luna empezó a desaparecer, despacio, calladamente, entendiendo que la eternidad no dura más que unas horas de oscuridad. Y se alejó, poco a poco, perdiéndose entre las nubes, atravesando el cielo.

Nada era verdad. Sus pupilas de fuego se lo dijeron. Ahora él es solo sombra, no es ni playa, ni mar. La sal que quedó entre las piedras que metió en el bolsillo de plata, se escurrió puñado a puñado y no le dejó nada. Está tan alta la luna… tan intocable, tan infinita, tan mujer. Está tan fuerte la luna… tan entera, tan brillante, tan mujer.

Y él, que va y viene de la playa, arrastrando arenas perdidas a su paso, mintiendo entre oros y espumas blancas sus bordes desparejos, él sabe bien que ella nunca más perderá su brillante luz nocturna. Y aún en esos días de forma nueva, y durante un eclipse, escondida detrás del sol, ella siempre será la luna. Aunque no se vea, aunque ya no esté, aunque la haya ahogado en su remolino de aguas turbulentas. La luna empieza otra vez el ciclo. Otra vez desde el principio. Ninguna tormenta puede con ella. Comienza a conciliar el sueño, recostándose en las sombras para alumbrar nuevos senderos de corazones muertos que lloran olvido, aún sin saberlo.

viernes, 22 de febrero de 2008

En medio de todo


En medio de todo
Sin borde
Sin límite
Sin frontera
En medio de todo
Con impunidad
Con alevosía
Con impertinencia
En medio de todo
Rasgándome
Lastimándome
Desgarrándome
En medio de todo
Dentro de mi
Se burla tu recuerdo